Abrir un blog me lleva rondando la cabeza unos 8 años. Siempre he tenido proyectos flotando en el limbo de los proyectos que están ahí, esperando a que los saques del horno, pero que no llegan a convertirse en bizcocho: blogs sobre traducción, sobre la enseñanza de español a extranjeros, sobre mi experiencia viviendo en Alemania, sobre mujeres artistas, sobre música…

Hace unos tres años estuve a punto de dar el paso y digamos que fue el intento que ha estado más cerca de cuajar. El nombre del proyecto era «la paz comienza en el plato», para el cual ya tenía un logo y todo:

El logo lo diseñó mi expareja, Xero Fernandez, aquí podéis ver las cositas tan guachis que hace

En octubre de 2015 vi el documental Earthlings (terrícolas) en el que según Wikipedia «se exponen los sufrimientos padecidos por los animales en las granjas industriales, laboratorios de investigación, criaderos y más». Me acuerdo perfectamente de lo vi un domingo. Ver este documental fue una experiencia muy traumática y supe que no iba a comer más animales antes de que terminara. Con esto no pretendo animaros a hacer este corte tan radical, las transiciones son muy convenientes y decir un domingo por la noche que no vas a hacer algo nunca más no suele salir muy bien, pero a mí me funcionó. Saber que yo ya no iba a consumir nada que proviniera de animales fue, en ese momento, una certeza firme y un alivio enorme.

Esta entrada no pretende ser un ensayo exhaustivo de las razones por las cuales un estilo de vida en el que se evita comer animales y sus secreciones es sano, adecuado, bueno, positivo, ni de qué organismos oficiales avalan el veganismo, si a la OMS le parece bien y si a mi tía Pepita le parece bien también (spoiler alert: no)… aquí voy a contar la historia de por qué creo que este proyecto no salió y por qué «un buen plan» sí parece haber salido del horno (es un bizcocho de limón) siendo esta la decimosexta entrada.

Cuando estamos dispuestos a mirar esta realidad de frente, nos enfrentamos a algo que no se puede percibir plenamente: la intensidad del sufrimiento animal y el número de vidas aniquiladas. Es tremendo comprobar todo lo que unos humanos pueden hacerles a otros seres sensibles en todo momento y en todo el mundo. Cuando esta verdad penetra en la conciencia, el aire se vuelve irrespirable. A nuestro alrededor se hace un silencio que alberga la soledad, la vergüenza, y la certeza de que ya no se podrá seguir viviendo como hasta entonces.

—Corine Pelluchon (Manifiesto animalista, Politizar la causa animal)

Las navidades de 2015 visitando a mi familia en España fueron interesantes, por decirlo de alguna manera. Me acuerdo de que pasé por un resfriado y me quedé afónica, y contarle a toda mi familia que me había hecho vegana y por qué fue muy incómodo, pero también gracioso. Ahora, mirando atrás, lo de la afonía tiene un sentido metafórico bastante curioso, es como si mi cuerpo hubiera reaccionado a la idea de contar que me había hecho vegana (con lo que a mí me gustaba el queso) y mi garganta hubiera dicho: ¡Hey, no, qué estás haciendo! Si lo vas a contar, allá tú, pero yo tengo mucho miedo y te voy a quitar la voz un poco.

Mi madre lo entendió de inmediato y le pareció muy bien. Ella tan cocinillas se puso a buscar recetas veganas para navidad. Mi padre me contó que cuando él era pequeño tenían un puerco al año al que mataban para tener carne durante una temporada larga. Mi padre, siendo el hermano mayor, tenía que participar en la matanza, siempre lo pasaba fatal y se escaqueaba. Esas navidades me dijo algo así: «Matar animales es una barbaridad. Yo no sé cómo podía mirar al puerquillo a los ojos con el que había estado jugando todo el año, oír sus gritos, no me olvido de este horror. Yo te entiendo hija, yo soy vegano de corazón también». Esto de «vegano de corazón» fue muy gracioso y muy triste, mi padre contándome esta historia pero no siendo capaz de cambiar sus hábitos alimenticios.

Siempre he convivido con gatos. Aquí están Mina, Frosties de Kellogs, Gatiziboas y Brian ♥:

¿Por qué en occidente adoramos a los gatos y a los perros y despreciamos y maltratamos a los cerdos, a las vacas y a las gallinas?

He comido animales durante 25 años mientras convivía con mis gatas, sin darle más vueltas. Pensando que no se podía hacer de otra manera, que era «lo normal, lo necesario».

«Porque siempre se ha hecho así» ya no es una respuesta válida. Melanie Joy acuña el término Carnismo y lo define como «sistema de creencias o condicionamientos que empujan a comer carne». De Wikipedia:

«Teóricamente, para la ideología carnista es central la aceptación del consumo de carne como «natural», «normal», «necesario» y a veces «bueno».​ Una característica importante del carnismo es que clasifica solamente a ciertas especies como «comida» y que las mismas prácticas a otras las rechaza por crueles e inaceptables. Esta clasificación de especies varía según cada cultura: por ejemplo algunas personas en Corea comen perros, mientras que son considerados mascotas en Occidente, donde se comen vacas, mientras que en gran parte de la India están protegidas legalmente.»

Solo hay un planeta tierra

El impacto medioambiental que proviene del consumo de animales es indiscutible. Sigo aprendiendo día a día sobre este tema que, aunque no fue central al decidirme por el veganismo, entiendo que es fundamental tenerlo muy presente y sobre todo actuar para mejorar. Como dice Rebecca Solnit, es más fácil imaginarse el fin del mundo que cambiar pequeños hábitos o tu forma de consumir:

«A la gente siempre se le ha dado bien imaginar el fin del mundo, que al fin y al cabo es un panorama mucho más sencillo de concebir que los extraños caminos laterales de cambio en un mundo sin fin» —Rebecca Solnit

Animales humanos y no humanos: especismo

Me consta que el veganismo es un privilegio que muchas personas en el planeta no pueden plantearse ahora mismo. Que los productos animales sean tan baratos y la fruta y la verdura fresca sea tan cara es un disparate que se sigue dando a causa de las ayudas del estado a la ganadería.

No muy lejos de donde vivo está la mayor productora cárnica de Europa: Tönnies. A causa de un brote de COVID-19 la comarca de Gühtersloh ha tenido confinar a más de 7.000 personas en sus domicilios después de que al menos 1.300 de sus empleados dieran positivo (fuente).

Tönnies es responsable de alrededor del 12% de la producción de carne en Alemania. A causa de haber tenido que cerrar el matadero a causa del brote, surgen problemas de espacio y hay alrededor de 100.000 cerdos hacinados en peores condiciones que antes, si cabe.

En este artículo de Deutsche Welle relatan que cada vez más personas se atraven a hablar y a contar las condiciones inhumanas bajo las que trabajan. Una amiga de mi grupo de activistas cuenta que en una manifestación el año pasado en la entrada por donde llegan los camiones al matadero de Tönnies, un trabajador polaco salió a darles las gracias por estar allí manifestándose. Les contó como pudo en inglés, porque no hablaba alemán, que hacía este trabajo para poder mandar dinero a su familia pero que estaba enfermando psicológicamente y que no quería matar más animales.

A veces me siento culpable por no estar hablando todo el día sobre salvar a los animales y al planeta

«A algunos puede parecerles marginal, pero en realidad [la causa animal] ocupa un lugar central y afecta a todos los ámbitos y todas las dimensiones de nuestra existencia. Es un objetivo tan grande que resulta casi natural dedicarle toda una vida. Todos podemos hacer algo. No obstante, la primera etapa, la que mueve a cambiar de vida, está marcada por una experiencia dolorosa, una revelación que llena de estupor. No hay despertar sin esta herida».

Este párrafo del libro «Manifiesto animalista» de Corine Pelluchon explica el porqué yo quise empezar ese blog sobre veganismo y derechos de los animales. El dolor es tan grande que lo único que parece que ayuda es gritar a los cuatro vientos que tenemos que parar de hacerle daño a los animales, al planeta y a las personas.

Que este proyecto, un buen plan, vaya sobre cómo tomar notas y cómo gestionar el conocimiento a veces me trae sentimiento de culpa. Mi yo activista sigue creyendo a veces que debería sacrificar su vida e intereses para salvar a los animales y al planeta. Pero no, las cosas no funcionan así.

Cómo he encontrado una forma de activismo sostenible para mí

En 2016 me uní a un grupo activista local de Münster llamado Tierrechtstreff, del que todavía formo parte. Es un grupo sin jerarquías en el que luchamos por causas interseccionales, no solo por los derechos de los animales. Traducción de nuestra página web del alemán:

«No solo nos preocupan los animales. También defendemos los derechos humanos y un estilo de vida sostenible que sea lo más respetuoso posible con el medio ambiente. Está claro que nadie es perfecto. Casi todas las acciones siempre causan sufrimiento en algún lugar, somos conscientes de ello.
No se trata de hacer siempre todo «bien» o de ser impecable. Pero se trata de pensar en el mundo, de cuestionar las cosas y no dejarse engatusar por las normas sociales, por lo que se considera «normal» y «natural» (…) En su lugar, buscamos posibilidades de tomar acción y soluciones alternativas al consumo convencional».

Hacer activismo es muy incómodo. Ponerte con cuatro gatos delante de una tienda que vende pieles con pancartas y que la gente te mire como si fueras imbécil, o que se molesten porque estás ocupando la acera y no pueden seguir con su sábado de compras no es el plan más agradable. Lo mismo delante de circos que todavía abusan de animales en sus espectáculos, zoos, mataderos, restaurantes que todavía venden foie gras.

Después de un par de años de activismo incómodo y de no haber conseguido arrancar mi blog sobre veganismo, intentando buscar mi sitio en este movimiento que me importa, al que sé quiero dedicar mi tiempo y mis erfuerzos, he encontrado una forma de activismo que me resulta mucho más agradable: la música. De nuestro grupo de activismo nace Neo C., en el que ahora mismo cinco amigxs tocamos punk animalista y echamos buenos ratos.

La música es, en mi opinión, un medio que se presta muy bien a mostrar emociones muy negativas y trágicas (como las que nos traen a nosotros los problemas que nos preocupan) y que no incomoda tanto a la gente como una manifestación o una concentración. Ahí estamos, con nuestras 15 escuchas mensuales en Spotify, tocando en manifestaciones, en cafés y en eventos veganos.

Si todavía no has encontrado tu forma de activismo y te duele y a veces quieres dejar de protestar porque afecta a tu salud mental y además tu tía Pepita es muy, muy pesada con lo de la proteína, no estás sola, es normal. No te desesperes. Es todo un proceso, sigue probando cosas con la esperanza de encontrar algo que haga click y que vaya contigo. Yo he tardado años en entender que es un camino que no termina, no llega un momento en el que dices «ya está, ya he terminado con esto».

Estoy segura de que no dejaré de lanzar proyectos que tengan que ver con cosas que me importan, incluyendo el veganismo. Por ahora voy a seguir disfrutando de un buen plan, de permitirme ser todo lo friki que yo quiera de las notas, de la gestión de la información, del Zettelkasten y de lo que me apetezca.

Escríbeme si necesitas cualquier cosa y en general, si te apetece compartir algo.

Recursos y mujeres activistas

Paula González se especializa en comunicación para empresas veganas y su newsletter de los martes me inspira SIEMPRE. Admiro su perspicacia, su valentía y su activismo. Aquí su web.

Reinas y Repollos es un blog/canal de youtube muy guay con recetas impresionantes y con un flow y una tienda de zero waste muy chulies. Aquí su web y su tienda.

Mariana Matija. Soy parte de su comunidad de Patreon y me paso la vida hablando de ella en este blog pero es que ella y su comunidad me inspiran infinitamente y hacen que me sienta menos sola en este camino. Aquí un artículo suyo titulado ¿Por qué comer más plantas (y menos animales)? y aquí su blog.

Colleen Patrick-Goudreau fue la primera activista a la que seguí, me escuché su podcast de arriba a abajo y me sirvió como un primer contacto muy sano y muy positivo con el movimiento. Aquí su web, todo en inglés.

Libros mencionados:

Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas de Melanie Joy – Enlace

Manifiesto animalista; Politizar la causa animal de Corine Peluchon – Enlace

10 Pasos para alinear la cabeza y el corazón y salvar el planeta de Mariana Matija – Enlace

La foto de la portada es de Unsplash. Es también un remake de la única gráfica que tenía preparada para mi blog sobre veganismo que nunca vio la luz. Puede que no terminase de ser un bizcocho pero hoy sí que es una mini magdalena de proyecto gracias a esta entrada.

Escrito por:Guía Carmona

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