«No hay un hada del cambio social. Son los individuos los que comienzan el cambio».

—Winona LaDuke

Propuse hace dos meses —a raíz del brutal asesinato de George Floyd por la policía en EEUU y de las protestas mundiales— leer este libro en el club de lectura que tenemos en el trabajo:

Traducción propia del título: Yo y la Supremacía Blanca. Cómo reconocer tu privilegio, combatir el racismo y cambiar el mundo de Layla F Saad

La idea fue acogida con mucho entusiasmo por mis compañeras y compañeros y el viernes pasado tuvimos la sesión del club de lectura para hablar del libro. Por desgracia, yo pensaba que con esto «ya estaba poniendo lo suficiente de mi parte» para informarme sobre el tema y que con este club de lectura «bastaría». En mi mente lo veía muy claro, al leer el libro ya podría tachar esta tarea de mi lista y «seguir con mi vida», porque, al fin y al cabo —pensé entonces— «yo no soy racista».

Pero si yo no soy racista

Esta idea que yo tenía de ser una buena aliada para el movimiento Back Lives Matter leyendo un libro y yendo a alguna manifestación ilustra perfectamente lo que supone la supremacía blanca y el privilegio blanco. El privilegio blanco describe las ventajas de las que gozamos sin haber tenido que luchar por ellas al ser blancos o al pasar por blancos. La raza es una construcción social muy arraigada, aunque genéticamente todos seamos iguales. Debido a esta construcción social y a la supremacía banca, las personas de color (POC) y las personas blancas no somos tratadas de la misma manera.

Se suele escuchar que hoy en día ya no hace falta hablar ni luchar contra el racismo, porque la esclavitud y la época colonial quedan lejos y la discriminación en ambientes escolares o en el trabajo son ilegales. Sin embargo, el privilegio de las personas blancas es la recompensa que recibimos a cambio de participar en el sistema de la supremacía blanca, ya sea de forma voluntaria o involuntaria.

En clase de historia en el colegio nos pusieron a Cristóbal Colón (y a Hernán Cortés lo mencionaron así de pasada) como conquistador y descubridor de las américas, como héroe, como amigo de la realeza, señor valiente y temerario. Este es solo un ejemplo del sistema irreflexivo en el que hemos crecido, sin cuestionarnos lo que nos han contado, las historias que nos repetimos una y otra vez, como ese «pero si yo no soy racista» o «yo no veo color, yo solo veo personas». No nos damos cuenta del daño que hacemos con nuestras pataletas de «no quiero enfrentarme a este tema, no me apetece, yo ya tengo bastante con lo mío».

Como persona blanca, ¿te dijeron tus padres durante la infancia que el color de tu piel jugaría en tu contra en un futuro, que tendrías que trabajar más duro para compensar tu diferencia racial? ¿O es el color de tu piel algo de lo que ni siquiera se hablaba porque no tenía nada que ver con lo que podrías lograr o con cómo te trataría el mundo? Esta es la esencia del privilegio que gozan las personas blancas.

Enfrentarnos y aceptar este privilegio trae incomodidad, vergüenza y frustración. Esto se llama «fragilidad blanca». Es un estado en el que cualquier cantidad de estrés racial se vuelve intolerable y desencadena una serie de movimientos defensivos. Hay dos factores principales que contribuyen a la fragilidad blanca: la falta de exposición a conversaciones sobre el racismo y la falta de comprensión de lo que la supremacía blanca es y lo que supone, no solo a nivel individual sino también a nivel contextual e histórico. Yo he expresado fragilidad blanca muy a menudo, y estoy trabajando en no «desmoronarme» cada vez que un POC cuenta un episodio violento que ha pasado con la policía, o al ver cualquier vídeo de los miles que hay por internet de agresiones a POC. Al mostrarme hípersensible a estos hechos traigo de nuevo la atención hacia a mí, hacia mis sentimientos y las personas blancas vuelven a gozar del protagonismo, el mismo que siempre hemos gozado.

Silencio blanco

Tenía miedo de escribir esta entrada porque en mi cabeza este blog iba de otra cosa y porque tengo otros muchos temas sobre los que quiero escribir. Con estos pensamientos estaba alimentando y practicando el silencio blanco, que procede de la fragilidad blanca, el miedo de ser incapaz de hablar sobre racismo por motivos diversos.

El silencio blanco es guardar silencio no compartiendo posts en tus redes sociales sobre raza y racismo o en tus espacios por la forma en que podría afectar a tu vida personal o profesional, o simplemente reposteando los posts de personas de color pero sin añadir tu propia perspectiva.

A primera vista, el silencio blanco parece benigno. Y si no es benigno, entonces podría al menos creerse que es una postura de neutralidad, un poco como, «si no añades nada a la conversación mejor no digas nada».

Nos importa más parecer buenas personas que hablar de racismo. Pero no nos damos cuenta que esto perjudica a las personas de color, el silencio blanco es una forma de violencia: favorece activamente al sistema. Es una forma de decir que todo está bien como está porque a mí este problema no me afecta de forma negativa y, lo más importante, porque disfruto de los beneficios que recibo con el privilegio blanco.

Vigilancia del tono (tone policing)

Cuando las personas blancas decimos que las personas de color «no saben protestar, solo destruyen, son demasiado violentos, deberían hablar con menos agresividad, así no se llega a ningún sitio» estamos vigilando su tono y defendiendo que la furia y la agresividad por parte de personas blancas son vistas como algo más «decente», mientras que la agresividad de las personas de color se ve a menudo como agresiva y peligrosa.

La escritora del libro, Layla F Saad, dice que se siente confusa cuando intenta expresarse:

¿Sonaré muy enfadada? ¿Estoy siendo demasiado blanda? ¿Si uso estas palabras, ¿provocaré fragilidad blanca, y si es así, quiero y puedo lidiar con ello? Si uso estas palabras, ¿dirán que me prefieren a mí sobre otras mujeres negras que hacen este mismo trabajo antirracista porque piensan que yo soy «elocuente»? ¿Y cómo dejo claro que esto para mí no es un cumplido, que lo considero racista tanto hacia mí como hacia otras mujeres negras? No quiero que me vean como demasiado suave, demasiado agradable, siempre tan encantadora.

Que las personas de color se atrevan ahora a mostrar sus emociones no pasa por arte de magia. Han decidido dejar de estar en silencio y sacan la ira que siempre ha estado ahí, es la expresión del comienzo de la auto-reclamación como personas de color.

Vigilar el tono refuerza las normas de la supremacía blanca de cómo se «supone» que deben ser y expresarse los POC (personas de color). Es una forma de mantenerlos en línea y sin poder. Cuando insistes en que no escucharás, no darás credibilidad o atención a las personas de color hasta que hablen en un tono que te convenga, estás sosteniendo la idea de que tus normas como persona blanca son superiores.


También soy consciente de otro problema que se puede resumir en: «El racismo nunca debió haber ocurrido y a ti no te dan un premio por reducirlo» (Chimamanda Ngozi Adichie, Americanah). Con este breve resumen sobre el libro que acabo de leer no puedo lavarme las manos y despedirme de este tema, ahora que he mirado a la cara a este problema del que soy parte al ser blanca. Cuantas más personas blancas salgamos de la burbuja de no saber que vivimos bajo un sistema opresor, más personas blancas lucharemos por abolir el sistema.

«La pregunta no es si todos las personas blancas son racistas, sino cómo podemos hacer que más personas blancas pasen de una posición de racismo activo o pasivo a una de antirracismo activo»

—Beverly Daniel Tatum

Hasta el día de hoy en mi blog, en las dieciocho entradas que he publicado desde febrero no había mencionado a ninguna persona de color. De todas las autoras, activistas, bloggers y en todo lo que he escrito no hay ni rastro de ni siquiera un poco de variedad racial. Hoy esto ha cambiado, he roto mi silencio blanco. Otra cosa en la que estoy trabajando es en la fragilidad blanca compaginada con el silencio blanco, lo cual he practicado sin parar. Ya no me escudo en «no quiero herir a nadie, por eso no hablo» ni en el «este tema es muy incómodo, me avergüenza pensar que pueda ser racista, nunca lo he querido ser». Esto no sirve para nada, porque ignorar algo no lo hace desaparecer. Enfrentándonos a ello conseguimos avanzar y desmantelar la supremacía blanca.

Escrito por:Guía Carmona

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