Hasta hace relativamente poco tiempo la información y el conocimiento eran bienes escasos de difícil acceso. No hablo solo del siglo III a.C., en el que los reyes de Egipto se empeñaron en juntar todos los libros del mundo en la biblioteca de Alejandría. Los reyes abusaban de su poder y si no podían comprarlos, los confiscaban, llegando a dar la orden de asesinar para alcanzar su objetivo.

Hoy en día, lejos de aquella realidad de Alejandría, sufrimos de abundancia informacional que, a veces, más que ayudar, paraliza. Hemos pasado de sentir FOMO (Fear of Missing Out o miedo a perderse algo) a FOMI (Fear of Missing Information o miedo de no enterarnos de algo, de perdernos conocimiento). Es difícil encontrar contenido de calidad en Google, los primeros resultados suelen ser información convencional, artículos optimizados por SEO y por el algoritmo que se quedan en la superficie y no aportan mucho. No es posible pedirle a google que solo te enseñe «fuentes buenas» o «ideas interesantes».

Nuestro desafío hoy en día no es de escasez de conocimiento, sino que consiste en tener los sentidos arácnidos de relevancia y calidad muy afinados; ser conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor y de aquella información que nos sorprende, nos llena, que intuimos que nos va a aportar.

Para gestionar de forma eficiente la información y el conocimento que es relevante para ti y para tu trabajo y no abrumarte con todo lo que consumes es puede que te sea útil contar con un sistema para poder trabajar e interactuar con ese conocimiento. Hasta hace poco yo no tenía ningún sistema para guardar lo que me interesaba y era frustrante porque no sentía que tuviese bajo control la información que consumía.

No tenía un proceso para guardar pasajes de libros que me interesaban más que subrayándolos. A veces guardaba enlaces interesantes en los marcadores del navegador. Otras veces apuntaba citas interesantes en mi agenda física. Si hacía algún curso me compraba una libreta para ese curso en concreto, escribía unas pocas páginas y nunca volvía a tocarlo.

Antes de empezar a guardar enlaces, citas y cualquier cosa al tuntún en nuestra aplicación de notas, que es el órgano principal de nuestro sistema personal gestión del cocimiento, una pregunta que debemos hacernos es: ¿qué merece la pena guardar? ¿Qué criterio sigo?

Aquí cuatro ideas que puede que te sirvan. Captura aquello que sea:

  • Inspirador. Puede que no sepas exactamente por qué pero lo que te acabas de encontrar te sugiere algo. A otras personas puede que no les diga nada. Merece la pena guardarlo porque los resultados al googlear «algo inspirador» no te sirven de mucho.
  • Útil. Apuntes de clase que no están en PDF por ningún lado; información útil para un proyecto concreto; un email que tú has mandado con información que puedes reciclar.
  • Que se pueda extraviar. La historia de tus bisabuelos; un chiste; una metáfora; una recomendación de un libro de un amigo.
  • Personal. Lecciones de vida y de tu carrera; tus éxitos y fracasos; conclusiones y aprendizajes después de probar diferentes caminos; cualquier conocimiento intransferible que provenga de tu familia o círculo cercano.

Escrito por:Guía Carmona

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