Es curioso que lo que diferencia al planeta que cohabitamos de otras partes del universo es que aquí se concentra una enorme cantidad información, al igual que en estrellas lejanas se concentra una enorme cantidad de energía.

A mí me fascina la información desde pequeña, y no me refiero a la característica física de la información; sino a su materialización en significado, en conocimiento, ese momento en el que un montón de letras ya no son símbolos sino que forman palabras que interpretamos a través de nuestra experiencia, contexto y conocimiento previo.

Mi mayor ilusión cuando empezaba el curso escolar era recoger los libros de texto lo antes posible, forrarlos, hojearlos, preparar las libretas para cada asignatura, decidir los colores, comprarme un estuche nuevo con bolígrafos, rotus, lápices para estrenar y entusiasmarme por todo el conocimiento y aprendizaje que me esperaba.

La mayor desilusión llegaba al darme cuenta de que en la mayoría de los casos, la cosa no iba de aprender ni de adquirir conocimiento. En la mayoría de asignaturas lo que hacíamos era un trasvase de información. Información del libro de texto, del que me aprendía pasajes de memoria para un examen y que vomitaba en un papel para obtener una nota que me decía cuánto sé sobre un tema en concreto. De aprender fórmulas matemáticas de memoria sin entender los procesos y engranajes y aplicaciones prácticas de estas. El único objetivo de muchas de las asignaturas que tuve en el colegio: aprobar un examen. ¿Aprender, alimentar la curiosidad, abogar por el conocimiento? De esto bastante poco.

La información no es lo mismo que el conocimiento, la información es neutra, no tiene significado, son átomos dispuestos de forma física. La información no sacia tu curiosidad, ni tampoco te aporta ni perspectivas, ni ideas nuevas. Tu interpretación de esa información, teniendo en cuenta tu experiencia y tu conocimiento previo es lo que te hace llegar a conclusiones y a conectarlas.

El universo está formado fundamentalmente por materia, energía e información. Además, una característica inherente del universo es que está en un conflicto enterno entre caos y orden. La información, o el orden específico de algunos átomos, no se da a menudo: es mucho más probable que en el universo nos encontremos con entropía (desorden) que con orden.

Como en el habla y en la comunicación, las palabras y las cosas no ocupan exactamente el mismo espacio. Ni siquiera todas las palabras se relacionan directamente con cosas que conocemos. C. K. Ogden decía que muchos de los problemas del mundo podían atribuirse a la ilusión de que una cosa existe solo porque tenemos una palabra para ella. A este fenómeno lo llamó Word Magic (magia verbal). Un ejemplo sería levitar, un concepto que nuestro vocabulario admite.

Mi profesión, la traducción, es entonces, un terreno peligroso, ¿es posible traducir? Como dice Dale Spender, el lenguaje no es neutro, no es un mero vehículo que transporta ideas. El lenguaje en sí mismo le da forma a las ideas.

A causa de la magia verbal de la que habla Odgen nos volvemos vagxs. Nos impide cuestionar las presunciones que se esconden en las palabras y permite que las palabras nos manipulen.

Pero esto es así mismo lo que nos hace humanxs, la habilidad de cristalizar información, de crear algo partiendo de nuestra imaginación. Cristalizar información se produce, con mucho esfuerzo, después de haber acumulado información y de haber cambiado la forma en que los átomos están dispuestos para mejorar nuestro conocimiento del mundo. Por eso nos hace falta trabajar en comunidad y a través de generaciones. Ya que para crear algo físico tenemos que sobrepasar los límites de la realidad, lo cual no puede ser alcanzado a nivel individual.

Entender que la información es perecedera, igual que los animales, los alimentos o las plantas, nos da información (ups) sobre cómo tratarla. Lo que importa es que sea relevante, que suponga una diferencia en relación con algo. Centralizar y automatizar (hasta un punto) la forma en la que trabajas con la información te va a dar la oportunidad de crear entropía, de que las conexiones inusuales puedan revelarse. Para que la información continúe existiendo tiene que quedarse en esa batalla constante con el caos.

Solo somos canalizadores de información, no nos pertenece, ni la construímos nosotros. Hace falta mucha flexibilidad, humildad y esfuerzo para dedicarle un poco de tiempo cada día a las preguntas que tienes delante de ti y no querer entenderlo y tenerlo todo solucionado en un momento.

Llevo una semana intentando trabajar en un proyecto para el que tengo que hacer una investigación previa bastante extensa. He sentido una mezcla de saturación por toda las fuentes que ya tengo a mi disposición y todos los otros temas subyacentes que me parecen inalcanzables y a la vez interesantísimos, y de saber que no voy a poder abarcarlos en este proyecto. Ha sido una mezcla de alucine y de agobio.

Hemos dicho que la información abunda en nuestro planeta, entonces, ¿por qué estamos tan saturadxs a causa de ella? La respuesta que he encontrado hasta ahora a la saturación a causa de la información es que no hay una manera concreta de tratar la información que vaya a darte las soluciones concretas que buscas. No por leerte un libro sobre un tema concreto de cabo a rabo vas a entender y a interiorizar sus conceptos.

Algo que funciona, aunque sea difícil, es abrazar la incertidumbre y avanzar con curiosidad, con una sensación de asombro, probando cosas, dejando que la información fluya y que tu conocimiento se forje de una forma menos rígida que aprender de memoria, por ejemplo. Ya que sabemos que es mucho más probable que el universo nos proporcione desorden que orden, podemos estar preparadxs para convivir con él, aceptarlo. Se trata de ser conscientes de que con una pizca de entropía va todo mucho más rodado.

Fuentes:

– Hidalgo, Cesar. Why Information Grows: The Evolution of Order, from Atoms to Economies. Basic Books. Kindle-Version.

– Bellos, David. Is That a Fish in Your Ear? Penguin Books Ltd. Kindle-Version.

– Mis notas de frases que suelta Tiago Forte en la onceava edición de su curso Building a Second Brain

Escrito por:Guía Carmona

2 comentarios en “La habilidad humana de cristalizar información en otras cosas

  1. Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida.
    Interesante tema. A mí también me fascina aprender, y desde pequeño leía todo lo que caía en mis manos. Ahora hay tanta información que, como bien expresas, el problema es conseguir la adecuada. La entrada de información es mucha, mientras que la salida en forma de acciones concretas, es poca.
    A lo mejor hay que mirar más a nuestro interior, y menos afuera.
    Muchas gracias por tu artículo. Descubrí tu blog hoy, y ya estoy comentando. Buena señal!
    Un saludo desde las Canarias!

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    1. Hola Jaír, ¡gracias por leer y comentar! Totalmente de acuerdo, a veces más que seguir consumiendo información lo que nos hace falta es pararnos, escuchar lo que ya sabemos y la sabiduría que tenemos dentro y partir de ahí.

      ¡Un abrazo para las Canarias desde Alemania!

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