Escuchando el maravilloso podcast de Brené Brown, en concreto esta entrevista al autor del libro que quiero tratar hoy, descubro Wonderworks de Angus Fletcher. Se acaba de publicar hace unos días de este marzo de 2021 y aún sin haberlo terminado no puedo dejar de compartir mi entusiasmo por lo que cuenta.

Simon and Schuster

Angus Fletcher es profesor de ciencias narrativas en el Ohio State’s Project Narrative, el principal centro de estudios académicos del mundo que se dedica a investigar historias. Ojo, no LA historia, si no historias, cuentos, narrativa. Es licenciado en neurociencia y literatura, se doctoró en la Universidad de Yale, ha sido docente especializado en Shakespeare en la Universidad de Stanford y ha publicado dos libros y docenas de artículos académicos sobre el funcionamiento científico de novelas, poesía, cine y teatro.

Angus Fletcher. Foto: Simon & Schuster

La premisa del libro es que la literatura es una tecnología como cualquier otra. Escritores y escritoras a las que veneramos como Homero, Shakespeare, Austen y otros muchos crearon avances tecnológicos que pueden considerarse tanto narrativos como neurocientíficos. El gran invento de la literatura consiste en abordar problemas que aparentemente no tenían solución: no aquellos como prender fuego o construir un barco, sino cómo vivir y cómo querer(nos); ser valientes al enfrentarnos a la muerte y cómo explicar nuestra existencia.

La tecnología

Tendemos a pensar en la tecnología en términos de artilugios, de aplicaciones, de ciencia y de innovación. Sin embargo, la tecnología no tiene por qué estar forjada en metal, microchips, motores o baterías. La tecnología es cualquier cosa hecha por los humanos que resuelva un problema. Puede construirse con cualquier material o elemento: arcilla, papel, tinta, etc.

Para resolver el problema del frío nos apoyamos en la tecnología para domesticar al fuego, como se hizo con los pozos-calefacción en el Paleolítico. Para resolver el problema del hambre está la tecnología de la caza, con ayuda de los cuchillos de cuarcita que los homínidos del Pleistoceno extrajeron de las rocas de los arroyos de Tanzania. Para resolver el problema de no saber lo que viene a continuación está la tecnología de la señalización, por ejemplo, a través de los silbatos que los paleoindios taladraron en los huesos de las aves norteamericanas.

Enheduanna: la primera autora (y autor) que conocemos

Enheduanna, la primera autora conocida de la historia en Mesopotamia en el siglo 23 a.C, se dio cuenta de que la literatura también puede ayudar a resolver problemas. De hecho, lo que la atrajo a la literatura es que abordaba un tipo de problema diferente al de las tecnologías arcaicas, cuya función era domesticar y transformar el planeta. Al transformar las noches frías, los paisajes hambrientos y los futuros inciertos en calor, alimento e información, el fuego, los cuchillos y los silbatos sometían el entorno físico a nuestra voluntad.

Esta tarea es una parte tan omnipresente de la existencia humana que incluso hoy sigue siendo el objetivo de la ingeniería más futurista. Los drones, los móviles, los algoritmos, las realidades virtuales y las casas inteligentes se han eregido para transportar comida, datos y otras cosas, convirtiendo el espacio-tiempo en una extensión de nuestras necesidades y deseos. Sin embargo, si echamos la vista atrás podemos ver que la vida plantea un desafío aún más básico que el problema de ser humano en un mundo no humano. El reto es el problema de ser simplemente humanos.

Ser humanos es preguntarnos por qué: ¿por qué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de las horas con las que contamos? ¿Tiene sentido la vida? Ser humanos es también tener deseos irracionales, pasiones incontrolables y penas que nos hacen pedazos. Si lo traducimos al idioma científico de nuestro presente: ser humanos es cargar con el problema de tener un cerebro humano. Un cerebro capaz de formular preguntas amplias a las que no se tiene respuesta. Un cerebro alimentado por emociones que nos impulsan pero que también nos hacen desear cosas que dañan, temer cosas que no existen, exasperarnos por el paso del tiempo y la muerte y por otras partes de nuestra naturaleza de las que no podemos escapar.

Así fue como la tecnología de la literatura se distinguió de las hachas neolíticas y los arados de la Edad de Bronce y otras creaciones forjadas en metal, piedra y hueso. Mientras que esas creaciones se ocupaban del exterior para resolver el problema de la supervivencia en el mundo, la literatura se enfoca en el interior para resolver el problema de nuestra supervivencia

Llegamos a Enheduanna. Sus escritos nos muestran por primera vez el descubrimiento tecnológico de que las autoras pueden ser innovadoras:

Yo, Enheduanna, he creado esta obra, algo que hasta ahora nadie más había creado.

El invento de la literatura

Por eso se inventó la literatura, una tecnología narrativo-emocional que ayudó a nuestros antepasados a hacer frente a los desafíos psicológicos planteados por la biología humana. Un invento para superar la duda y el dolor de ser simplemente nosotros.

Cada uno de estos inventos tenía un propósito único, diseñado con un mecanismo propio para encajar en nuestra psique de una manera diferente. Así, en Wonderworks Angus Fletcher nos lleva de la mano por 25 inventos que cumplen funciones distintas: un invento especial para aligerar la tristeza, otro para desterrar la soledad, otro para disminuir la ansiedad, otro para tratar los síntomas de un trauma, otro para traer esperanza, otro para aumentar la alegría, otro para despertar el amor, otro para traer tranquilidad, y así sucesivamente.

Tener este libro entre mis manos (bueno, dentro de mi Kindle) es una confirmación preciosa a la intuición de que la ficción y las historias son mucho más que un pasatiempo relegadas a ser analizadas de forma objetiva en clase de Lengua. Debemos tratarlas como la tecnología que son: herramientas con propósitos para resolver problemas y acompañarnos como un botiquín dentro de nuestra maletita en el viaje de ser humanos.

Escrito por:Guía Carmona

5 comentarios en “La ficción como tecnología

  1. De nuevo un artículo sorprendente e interesante, muchas gracias!
    P. D. A raíz de lo leído en tu newsletter, creo que Sergio Fernández está un poco sobrevalorado… 😉

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  2. Hola Guia!
    Concuerdo completamente con la idea de que la ficción nos ayuda a resolver problemas fundamentales de la experiencia humana. Puede que esto se de porque facilita los cuestionamientos, la identificación con los personajes, y de alguna forma nos permite adelantarnos a algunas experiencias (como cuando dices «guau, esta experiencia me recuerda la descripción que hizo tal autor…)
    También, creo, nos permite empatizar y descubrir nuevas emociones, así como ampliar nuestra imaginación y sentirnos acompañados. Es muy cliché la idea de que la literatura nos acompaña, pero creo que todos quienes somos lectores de ficción hemos tenido esta sensación desde que nos iniciamos en la lectura: estar solos en una cafetería, en nuestra casa o en una biblioteca, pero estar con los sentimientos a flor de piel, acompañados por algún autor que jamás conoceremos y personajes que no existen realmente. Y no sé, me parece que hay una soberbia muy grande al decir que estas emociones y estos descubrimientos no son válidos, cuando realmente están enriqueciendo nuestro interior.

    Un abrazo y gracias por tu texto.

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