Ay. La concentración. Me estoy metiendo desde ya en aguas pantanosas. Tengo cuatro hermanos. Dos son músicos, uno es informático y el chiquitillo es fotógrafo. A menudo hablamos de que debemos tener un poco de trastorno por déficit de atención (gracias papá<3).

Mis tres hermanos mayores y yo en Málaga en los 90. Mucho estilo. Falta Curro que todavía no había nacido.

Nos cuesta organizarnos, nos cuesta mucho calcular de forma realista el tiempo que se tarda en realizar determinadas tareas o ir de un sitio a otro (y solemos llegar tarde), nos distraemos con media mosca, hemos estudiado siempre el último día antes de los exámenes, nos cuesta ponernos a hacer cosas y no nos sale muy natural el concentrarnos en general. Sin embargo, cuando algo nos entusiasma y lo disfrutamos, entramos en flow muy rápido y se nos pasan las horas volando.

A causa de esta necesidad de ser personas adultas funcionales en la vida y no volvernos majaras nos hemos visto forzados a investigar y a probar cosas para intentar no volver también locos a los que viven a nuestro alrededor. A veces funciona y a veces no, pero se puede decir que hemos mejorado en general bastante en muchos aspectos.

En esta entrada quiero prensentarle a mis hermanos (solo me lee Sergio, pero bueno, aquí queda para todos) dos propuestas, dos tipos de organizar sesiones de trabajo con mi conclusión al final.

Hace un año y medio descubrí este libro de Carl Newport (según he visto todavía no lo han traducido al español):

Deep work, Rules for focused success in a distracted world del inglés literalmente «Trabajo profundo, reglas para lograr concentrarse en un mundo distraído» y como traducción propia voy a llamar al deep work «trabajo inmersivo». La palabra inmersivo no está en la RAE. Pero me da igual, suena guay.

Carl Newport define este concepto como:

«Actividad profesional realizada en un estado de concentración libre de distracciones que lleva tus capacidades cognitivas al límite. Este esfuerzo hace que crees algo de valor, mejora tus habilidades y es difícil de replicar».

Lo que solemos hacer a diario es más bien lo contrario, lo que él denomina «shallow work» o «tareas superficiales»:

«Tareas logísticas, no cognitivas, a menudo realizadas en un estado de distracción. Este esfuerzo tiende a no aportar valor al mundo y es fácil de replicar»

Es un concepto muy atractivo. Deep work. Suena a persona organizada, intelectual, que tiene todo bajo control, que sabe cuándo va a empezar a trabajar y apaga el móvil y lo mete en un cajón, no se distrae con redes sociales, ni tampoco tiene hijos (holi sobrinillos) que entran a informarte de que hay un moco pegado debajo de la mesa de la cocina y que han visto un pájaro negro y naranja por la ventana. El mismo Carl ofrece cuatro opciones del nivel de compromiso que quieres (o que tienes el privilegio de) ponerle a esto del trabajo inmersivo (no sé si me convence mi traducción):

  1. Filosofía monje: Solo te dedicas a hacer deep work.
  2. Filosofía bimodal: Divides tu tiempo en estaciones o meses: en primavera y verano trabajo superficial y en otoño e invierno trabajo inmersivo.
  3. Filosofía rítmica: Divides tu día y la mitad lo dedicas a uno y la otra mitad a otro.
  4. Filosofía períodica (la de persona mortal): practicas el trabajo inmersivo cuando tengas tiempo, esporádicamente.

El autor deja claro que esto no es un hábito, sino una habilidad que se puede entrenar y mejorar.

Poco tiempo después de leerme este libro, convencida de que esta propuesta era la solución a todos mis problemas de concentración pero sin haber llegado a dominarla en absoluto, me inscribí en el curso de Tiago Forte Building a Second Brain del que he contado cosas ya en esta otra entrada.

Tiago Forte propone un sistema antagónico al de Carl Newport, al que llama: Intermediate Packets= paquetes intermedios. Tiago es partidario de evitar convertir el trabajo en una carga pesada y lo divide en pequeños paquetes que producen resultados después de cada breve sesión sin haber tenido que contratar a cinco asistentes y regalar a tu hijo a la vecina del quinto que siempre da pequeños grititos cuando lo ve diciendo lo mono que es.

«En lugar de entregar un resultado al final, haces progreso en una serie sprints cortos e intensos que terminan con un producto tangible no final, como por ejemplo un conjunto de notas, una tormenta de ideas, una serie de ejemplos, un esquema, un prototipo o un borrador».

Lo que me alivió mucho del sistema de Tiago es que no requiere que tengas 4-6 horas completamente libres al día para escribir, componer, retocar fotos, hacer un esquema perfecto de la oficina nueva porque al jefe le ha dado por cambiar las mesas. Al ponerte límites, como yo estoy haciendo ahora al escribir esta entrada (theory of constraints), consigues que no te den las tantas o que termines algo sin estar dándole vueltas durante días. También consigues hacerte inmune a las distracciones, te adaptas al tiempo que tengas y te expones a bucles de retroalimentación (feedback loops) más a menudo, lo que hace que enseñar lo que tengas, ese paquete intermedio, resalte tus errores o equivocaciones y las puedan corregir antes de haber pasado un verano entero con un proyecto.

Con los paquetes intermedios la fuerza de voluntad y la motivación dejan de ser elementos imprescindibles y pasan a ser innecesarios. Esto nos viene genial a mis hermanos y a mí, es justo lo que necesitamos. Estos paquetes intermedios son los que van a hacer que sigamos trabajando y no nos desanimemos.

Ahora ya no tengo la sensación de tener que tener 4 horas libres para empezar cualquier cosa. Con 40 minutos ya avanzo lo suficiente para «guardar la partida» (tomar notas es una buena forma de guardar la partida) y puedo seguir con mi vida, esa vida de persona normal imperfecta que está llena de cosas incómodas e impredecibles pero que ya no son obstáculos para las cosas que quiero hacer y que me importan. El todo o nada ya no vale.

El trabajo inmersivo de Carl Newport es ese juguete flamante tan chulo a primera vista pero que después no es tan chulo porque no hace nada. Los paquetes intermedios son el juguete a primera vista aburrido (como mi hermano Curro, que jugaba con cucharas) pero que al final son con el que mejor te lo pasas. Qué metáfora más maravillosa, lo sé, gracias, gracias.

Mi proceso creativo y yo por fin hemos empezado a hablar el mismo idioma. He aceptado que no va a ser lineal y precedible sino que va a sorprenderme con ideas y resultados inesperados, después de haber escrito, leído, tomado notas, escrito de nuevo así en ciclo «caótico» y no de forma robótica planeada. Es mucho menos extraordinario pero mucho más divertido.

Ya se han suscrito unos cuantos desconocidos a mi newsletter y no solo mi familia y amigos. Me parece increíble.

Si quieres, suscríbete tú también aquí abajo y el domingo que viene recibirás noticias de mi semana y alguna reflexión que tenga que ver con lo que haya escrito.

Un momento….
¡Listo! Ya estás dentro.
Escrito por:Guía Carmona

4 comentarios en “El mito de la concentración y la fuerza de voluntad

  1. Hola Guía Carmona, he descubierto tu blog por esas casualidades de interneTE 🙂
    y me gusta mucho lo que escribes.
    ¡Si, he leído casi de una sentada todos tus post!
    Quiero comentarte, que el libro de Cal Newport, sobre el que te refieres en el artículo, si que está en español. Hay una edición hecha/editada en México.
    Se titula: Enfócate. Consejos para alcanzar el éxito en un mundo disperso.
    Esperando ya el siguiente post, me despido enviándote muchos saludos.
    Mar

    Me gusta

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