A María Popova le preocupa que tras la productividad se esconda la forma más segura de adormecernos en un trance de pasividad que nos mantiene ocupados, la mayor distracción ante la vida, la cual nos paraliza mientras vamos surcando los días, atendiendo nuestras obligaciones pero estando ausentes: confundiendo el hacer con el ser.

Esta idea me recuerda curiosamente a esta frase de Abraham Lincoln:

«Dame seis horas para talar un árbol y pasaré las primeras cuatro afilando el hacha.»

Digo curiosamente porque en realidad la idea de afilar el hacha tiene todo el sentido y no la rechazo. Lo que me parece peligroso es que tendemos a estancarnos en el concepto de afilar el hacha por lo fácil que es caer en un bucle de perfeccionismo y no empezar a talar el árbol hasta que tengamos el hacha más afilada y más perfecta del universo.

El hecho de que los métodos y sistemas de productividad estén cobrando tanto protagonismo provoca que pasemos más tiempo de la cuenta intentando averiguar qué elementos de estos métodos van a catapultarnos a una versión híper creativa y productiva de nosotros mismos. Cuando sale una aplicación nueva sufrimos del conocido “shiny app syndrom” (síndrome de la aplicación resplandeciente), visionando todas las posibilidades y oportunidades que nos brindaría si la empezáramos a usar.

Es como dice mi amigo Roman, afilar el hacha te da una sensación falsa de bienestar porque parece que estás avanzando y haciendo cosas, pero en realidad casi se te ha olvidado que el árbol sigue ahí. Estamos buscando una alternativa a nuestros métodos, sistemas y procesos como excusa para no hacer lo que de verdad importa.

No es lo mismo pararse a analizar tu flujo de trabajo y decidirte por un camino que crees que tiene sentido y que va bien contigo para pasar a la acción, que estar meses y años revisando, refinando y mejorando tus sistemas y métodos, con el objetivo de encontrar el sistema perfecto, la aplicación que más refleje como funciona tu cerebro (sorpresa: no existe) o midiendo el caballete de Van Gogh en un museo para construirte uno igual, porque seguro que así pintas igual que él. Como dice Seth Godin, las tácticas son idiosincrásicas, dependen de tu contexto, del tipo de trabajo que hagas, de tu personalidad, por eso no son transferibles. Sin embargo, las estrategias son sencillas. Consisten, simplemente, en la práctica deliberada, es decir, en trabajar de forma regular y fiable.

Según el filósofo Charles Sanders Peirce no adquirimos conocimiento por la mera observación sino por la acción, y nos servimos de ese conocimiento solo en tanto que nos es útil, en el sentido de que nos explica las cosas de manera adecuada. Por eso no tiene sentido ver vídeos de YouTube o hacer cursos sobre organización del conocimiento con el fin de crear algo sin probarlo uno mismo. Solo con guardar un par de notas no puedes saber si el sistema funciona o no y de qué manera tienes que adaptarlo para que funcione, o deshecharlo por completo.

Scott Belsky, el fundador de Behance, nos propone dejar de culpar a nuestro entorno y empezar a asumir responsabilidad. No hay lugar (o herramienta) de trabajo perfecto, los desafíos más complicados a los que nos enfrentamos son mucho más primarios y personales. Las prácticas individuales determinan en última instancia lo que hacemos y lo bien que lo hacemos. En concreto, es nuestra rutina, nuestra capacidad de trabajar de forma proactiva en lugar de reactiva, y nuestra habilidad para optimizar sistemáticamente nuestros hábitos de trabajo a lo largo del tiempo lo que determina nuestra capacidad para hacer que nuestras ideas se materialicen.

Es muy posible que tengas estrategias de captura de información y de fuentes, formas más o menos eficientes de organizar tus ideas, en definitiva: mil maneras de afilar el hacha. Sin embargo, ¿te has preguntado alguna vez si tienes estrategias a mano para cortar el árbol, es decir, para sacar adelante tu trabajo creativo y al fin y al cabo, el trabajo significativo (tu escritura, tu negocio, tus ilustraciones, tus teorías)?

¿Qué cambiaría en tu proceso creativo si dejaras de buscar el sistema o el método perfecto y te dieras cuenta de que lo que tienes ya es más que suficiente? ¿Tienes alguna manera de señalizarte que estás practicando, que estás acudiendo día tras día?

He creado un modelo de interacción para cuando aparece «la peor versión de mí misma»: la que no tiene ganas, la que está cansada, desmotivada… imaginemos que hoy estoy un poco resfriada, muy cansada y no tengo ganas de escribir esta entrada. Sin embargo, escribir y publicar todos los domingos es una manera de señalizarme a mí misma que me esfuerzo por conseguir mis metas, que mis procesos creativos son importantes para mí y que mi sistema está preparado para hacer de paracaídas y ayudarme a terminar de escribir alguno de los borradores que ya tengo empezados. Para ayudarme a pasar a la acción acudo a esta lista de tácticas de entre las que elegir (de nuevo, son idiosincrásicas y dependerán de tu forma de trabajar). A veces ya solo con leerla y darme cuenta de todas las opciones que tengo se abre el cauce creativo. Os dejo con mis tácticas para dejar de afilar el hacha y empezar a talar el árbol:

El óleo de la portada es un cuadro pintado por mi padre, Paco Carmona. Estoy usando sus cuadros para el blog más a menudo y la verdad es que le da un toque muy personal y familiar, ¿no? Dos de mis hermanos son músicos, así que si un día empiezo un pódcast también tendré una banda sonora de calidad. Yeah.

Escrito por:Guía Carmona

3 comentarios en “Afilar el hacha eternamente

  1. Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida.
    Excelente! Estoy leyendo algunos de tus artículos, y me encantan. Sobre todo, me gusta tu cercanía al escribir, y que compartas tu forma de hacer las cosas. Ayuda mucho.
    En cuanto a lo que mencionas, toda la razón.
    Incluso se da el caso de personas que piensan que, por adquirir un curso o por hacerlo, ya son más productivos. Yo tengo alumnos de mi curso que lo han comprado, y ni si quiera lo han empezado. La realidad es que hasta que no aplicas, ni todo el conocimiento del mundo vale un centavo.
    Un saludo desde Las Palmas de Gran Canaria!

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    1. Gracias por los halagos, Jaír, la verdad es que después de treinta entradas voy encontrando mi voz y mi manera de contar las cosas. Y sí, totalmente de acuerdo, yo misma tengo cursos y muuuchos libros comprados y sin empezar que no solo por tenerlos y haberlos hojeado cuentan como conocimiento, pero a veces como que nos satisface darle al botón de comprar y como que ya hemos hecho “algo”. ¡Pero aquí andamos como todos, trabajando en ello!

      Un abrazo,
      Guía

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  2. Cruel pero cierto.

    O cómo escuché de una persona: “Creen que lo saben todo pero, En Realidad, No Saben Nada”
    Podría (¡hasta afirmarse!) que es la nueva moda o una adicción sin que se defina como tal. Además esto puede servir como una defensa de la propia identidad (no sentirse como un fracaso), siendo que se cumplen las expectativas de otros o las propias, pero, la verdad, es que no es así.

    Una suposición mía es el encanto del conocimiento, el cuál se le podría comparar a canto de sirena. Y cuando uno se da cuenta, ya es tarde.
    Aunque el conocimiento sea bueno, no por eso hay que creer que somos “inmortales” o que “hay tiempo” que eso ya es pecar de ignorante o de aquel que lee las primeras líneas y cree saberlo todo..

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