«El pensamiento sistémico no se puede dar sin la escritura»

—Niklas Luhmann

El físico Richard Feynman invitó a su despacho a un historiador que quería entrevistarlo. Cuando el entrevistador vio los cuadernos de Feynman, declaró su fascinación ante aquellos «registros tan increíbles del pensamiento de Feynman».
¡No, no!protestó Feynman. No son un registro del proceso de pensamiento. Los cuadernos son MI proceso de pensamiento. De hecho, trabajo en el mismo papel.
Buenodijo el historiador, el trabajo de investigación lo has hecho en tu mente, pero el registro de ese trabajo sigue estando aquí.
No, en realidad no es un registro. Es el trabajo en sí. Tienes que trabajar en papel, y el papel está aquí.

La siguiente pregunta me ronda la cabeza ya un tiempo:

¿Tiene sentido leer libros y contenido de no ficción (ensayos, artículos científicos, etc.) sin tener papel y boli (o el ordenador y un programa de notas) al lado?

Sönke Ahrens, en su libro How To Take Smart Notes habla de que la escritura, ya sea en la escuela, en la universidad (exámenes, trabajos, tareas) está vista como una tarea en sí misma, con un principio y un fin. Hay miles de técnicas de estudio sobre cómo escribir resúmenes y hacer esquemas para estudiar para un examen y otros miles con guías para escribir un trabajo o una tesis, con unas pautas, unos pasos a seguir. El fin de estudiar según estas guías es preparar a los estudiantes para el pensamiento crítico y la investigación. Pero Sönke refuta esta premisa, ya que desde su enfoque, estudiar, si se hace bien, es en realidad investigar, porque se trata de conseguir una perspectiva que no es posible anticipar y que se compartirá con la comunidad científica bajo escrutinio público.

El conocimiento privado no existe en el mundo académico. Una idea que te guardas para ti es tan buena como esa idea que nunca has tenido. Y un hecho que nadie puede reproducir no es un hecho. Hacer algo público siempre significa escribirlo para que alguien pueda leerlo, la historia de las ideas no escritas no existe como tal.

Esto es por lo que la presentación y la producción de conocimiento no pueden separarse, son más bien dos caras de la misma moneda. Si escribir es el medio en el que ocurre la investigación y estudiar no es otra cosa que investigar, entonces no hay razón para no tratar a la escritura como pilar principal de tu trabajo.

Centrarse en la escritura no significa dejar otras tareas de lado como leer, consumir información en tertulias, clases, cursos, involucrare en diálogos con tus profesores y compañeros, pero sí que hará que hagas todas estas otras cosas de otra manera. Tener un objetivo claro y tangible al ir a una clase, discusión o taller provocará que estés más involucrado y que te centres aún más en aprender en vez de en tratar de averiguar lo que deberías aprender. Estarás buscando el punto donde empiezan a surgir las preguntas sobre cuyas respuestas merece la pena escribir.

Por ello me pregunto si exportar lo que he subrayado del libro que me acabo de terminar tiene sentido. Haciendo esto estoy despojando de contexto algunas frases y pasajes que me parecieron interesantes mientras leía y ahora, días, semanas o incluso meses después es imposible que me acuerde por qué esas ideas me parecieron interesantes o dignas de ser guardadas.

Es como hacer una excursión a Sevilla. Después de un año, Google Fotos te recomienda un resumen de las fotos que hiciste ese día. Al ver las fotos, ¿sabes exactamente los pensamientos y las conexiones que surgieron en tu mente al ver el Real Alcázar por primera vez? Dependerá mucho de las conexiones y el contexto que tuvieses a mano en ese momento, quizás ahora estás leyéndote un libro sobre arquitectura y te fijarías mucho más en otros detalles que cuando estuviste allí en persona, que fuiste con tus amigos alemanes que estaban deseando meterse en cualquier esquina con sombra para no morir a los 45° de junio a cualquier hora del día, y tú sufriendo por ti y por ellos.

Voy llegando a la conclusión de que leer sin escribir no me lleva a los mismos sitios que leer escribiendo. Sin embargo, hay que tener cuidado, como dice Andy Matuschak, y no perderse en las mil maneras de tomar notas que hoy nos ofrecen como la mejor solución. Son objetos brillantes que de lejos parecen mejores de los que usamos nosotros. Tomar notas (o subrayar, o hacer resúmenes) es el componente visible de una práctica invisible (pensar, tener ideas, estudiar, aprender): si ves a alguien que suele tener buenas ideas y que es visto como alguien «inteligente» tomando notas en su cuaderno de forma aparentemente muy intelectual, es posible que te imagines que si consigues el mismo cuaderno y organizas las notas igual que esa persona, también conseguirás ser «intelectual». Tomar notas, guardar información, ordenar archivos: es fácil caer en esta trampa porque parece que estás haciendo algo, da igual que ese algo sea poco útil.

Escribir mientras lees

Si lees para escribir pasa esto (Ahrens, How to Take Smart Notes):

  • pones el foco en los aspectos más relevantes, porque te das cuenta de que no puedes anotarlo todo;
  • lees de forma más implicada, porque sin entender no puedes parafrasear nada;
  • redactas el significado de una idea porque no copias y pegas, lo que hará más probable que lo recuerdes;
  • tienes que pensar más allá de lo que estás leyendo porque necesitas convertirlo en algo nuevo.

Escribir es, sin duda, la mejor herramienta para pensar, leer, aprender, comprender y generar ideas propias. Escribir notas acompaña al trabajo principal y, si se hace bien, lo complementa. Si quieres aprender algo a largo plazo, tienes que escribirlo. Si quieres entender algo realmente, tienes que traducirlo a tus propias palabras.

El pensamiento se da tanto en el papel como en tu propia cabeza. «Las notas en papel, o en la pantalla de un ordenador (…) no hacen que la física contemporánea o cualquier otra disciplina intelectual sea más fácil, sino que la hacen posible», concluye el neurocientífico Neil Levy en la introducción del Manual de Neuroética de Oxford, donde resume décadas de investigación.

Por lo tanto, el reto de la escritura y el aprendizaje no es tanto aprender, sino comprender, ya que aprehendemos lo que entendemos.

Cualquier pensamiento de cierta complejidad requiere de la escritura

Ninguna pieza escrita es una copia de un pensamiento en nuestra mente. Cuando tomamos notas, se trata mucho más una forma de pensar dentro del medio de la escritura y en diálogo con las notas ya existentes que un protocolo de ideas preconcebidas.

Nuestra mente tiene una misión muy interesante. Lo que intenta a todas horas y por todos los medios es hacernos sentir bien. Una forma que tiene de conseguirlo es ignorando las inconsistencias en nuestro razonamiento. Cuando leemos algo es muy probable que lo interpretemos a nuestro gusto, añadiendo nuestro conexto, nuestras historias, nuestras creencias.

Un argumento coherente requiere ser fijado a través del lenguaje: solo al escribir algo se anfianza lo suficiente para ser discutido de forma idependiente de su autor. Es en la forma escrita donde se puede mirar un argumento con una cierta distancia, una distancia literal. Necesitamos esta distancia para pensar en una idea, de lo contrario la idea en sí misma ocuparía los mismos recursos mentales que necesitamos para analizarla.

Conclusión y cerebro frito

Esto que cuento aquí lo he entendido después de haberlo puesto en práctica (sorpresa, escribiendo) y no solo al leer sobre ello. Desde que escribo en la Jungla Digital, un espacio colaborativo que tengo para pensar con Roman, me he dado cuenta de los beneficios de escribir para pensar, entiendiendo de verdad lo que he contado en esta entrada. Esto responde a mis preguntas del libro como objeto que no transmite conocimiento de forma eficaz de las que hablé en esta entrada.

Ahora me queda claro que la combinación de leer y reescribir con mis palabras sobre lo que voy leyendo es indispensable para elaborar mi propio conocimiento, comprender, estudiar, investigar, aprehender. Es mucho, pero que mucho más trabajo. Es como ir al gimnasio para la mente. Despúes de unas cuantas páginas con miga tienes el cerebro frito y con suerte tienes una nota permanente (aquí podéis ver ejemplos de algunas de nuestras notas permanentes, en inglés: evergreen notes). Pero aunque sea mucho más trabajo, la otra forma de leer (subrayando, leyendo pasivamente esperando entender y retener algo) ya no tiene mucho sentido aunque sea mucho más comodona y más relajada. Lo que se pierde al no escribir es demasiado para decantarse por la versión fácil de ir subrayando.

Recursos:

En esta entrada hay muchas ideas del libro How To Take Smart Notes de Sönke Ahrens que menciono al principio.

Mis dos entradas sobre Luhmann y su Zettelkasten: Parte I y Parte II

Escribe en los comentarios si tienes experiencia con la escritura como medio para pensar, o si tienes otras preguntas o ideas o tarta vegana : ).

Escrito por:Guía Carmona

4 comentarios en “La escritura como andamio externo

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